Las Bienaventuranzas resumen el camino de Cristo, el único que lleva a la felicidad eterna a la que aspira nuestro corazón. Enseñan cómo ser un buen discípulo de Jesús, identificándonos con Él.

 

Son un programa de vida nueva. Nos invitan a crear una nueva civilización del amor, que supere el mal con el bien.

 

Las Bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús, dibujan su rostro y describen su caridad. Los verdaderos discípulos de Cristo se reconocen por vivir estas enseñanzas.

 

Responden al deseo natural de felicidad que Dios mismo pone en nuestro corazón para que le busquemos y participemos de su naturaleza divina y de la vida eterna.