Desde el primer Avemaría y el primer acto de fe ya existe unión con Dios. Es como una semilla pequeña que puede crecer hasta que llega a ser un árbol frondoso que da sombra y cobijo a las aves. De este crecimiento trata este libro. Trata de los caminos de los valles, fáciles pero llenos de distracciones y de peligros, de animales fieros o pequeños como los mosquitos. Al comenzar la ascensión el camino está bien marcado, pues han pasado muchos, pero sube y cansa. Es fácil pero se está a tiempo para desistir y volver al prado; pero hay amigos, risas, satisfacción por el esfuerzo, guías, mapas. Al llegar a las cumbres puede no haber caminos y sólo los expertos se orientan; hasta el aire que se respira es diferente. La cumbre es horizonte abierto, alegría laboriosa; el descanso no es solitario y ensimismado, pues es más claro que allí está Dios, que espera. en esas cimas se vive la perfecta caridad preludio del cielo. Ha valido la pena caminar.