Una crisis es un atasco, algo que frena el desarrollo. Si algo impide el desarrollo, provoca una crisis. La injusticia, la ignorancia, la mentira, la codicia, el resentimiento, la conspiración y los abusos impiden el desarrollo. Esas son las auténticas y profundas causas de la crisis y de la decadencia. Todo lo que va contra la persona provoca crisis, daños y subdesarrollo. 

 

Las radicales ideologías antipersona han arruinado la cultura occidental y han destrozado la vida a millones de seres humanos, porque toda radicalización empobrece y degrada.

 

La Postmodernidad no es ni más ni menos que la crisis y la decadencia de las modernas ideologías. Es el vacío que deja la tremenda superficialidad en asuntos filosóficos y morales inherente al tinglado moderno, positivista y agnóstico.

 

Es en la radicalización que ocultan las devastadoras ideas de la Modernidad (racionalista, antropocéntrica y positivista) donde se forja la raíz misma de la decadencia, la relativista dimisión de la razón, la miseria moral y la crisis en la que estamos atascados. Y la Postmodernidad, que no ha hecho sino prorrogar los errores de la Modernidad, se encoge de hombros, sin respuestas ni soluciones.

 

Aún así, con el constante cultivo de las humanidades, el buen criterio de los más sensatos no ha dejado de trabajar para remontar el atasco. Con la ética del respeto y la dignidad, la lógica del don y del servicio; frente al inmanentismo, para el que la única realidad es la subjetividad.


Para superar el tinglado moderno y el interminable túnel postmoderno, va a ser preciso ir a contrapelo. Si no es remando contracorriente y salvando los escollos del "modernismo", no habrá ni renovación ni progreso.

 

 

 

Reseña Diari de Tarragona (18/04/2015)
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